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sábado, 30 de abril de 2011

Tarde de tejido gris

Ayer a la tarde, una tarde que fue tornándose cada vez más plomiza, por fin fui a Madrid Knits. Se preguntarán ustedes qué es. Les cuento: es una reunión semanal en un café de Madrid, cuyo objetivo es tomar algo, charlar y tejer (digamos que en el orden y la proporción que cada una decida cada día). Hacía tiempo que las seguía por el blog, pero siempre había una cosa u otra que me hacía cambiar de plan. Llegué, nos presentamos y empecé a mirar qué hacía cada una. Cuántas cosas lindas! Agujas muy finitas, varios colores, y esos patrones con muchas indicaciones que a simple vista (y charla de por medio, insisto) parecen imposibles.

viernes, 13 de agosto de 2010

Receta de la semana: Lemon Pie

Seguimos con las recetas dedicadas. Esta es para Fernanda, a quien hace mucho tiempo prometí pasarle la receta del Lemon Pie de mi abuela Mary, la cordobesa de Argentina con un papá inglés y una mamá estadounidense. Cuando íbamos a visitar a mis abuelos, además de un placer para el corazón, era un gusto para el paladar: a todos nos hacía nuestro postre favorito, además de unas comidas riquísimas que nos encantaban a todos. A Adri le hacía mousse de chocolate; a Nati “custard” (postre de vainilla), compartido con mi abuelo Ken, aunque ella le agregaba dulce de leche; a papi apple pie o greap tart si había uvas, y yo compartía con todos o hacía el lemon pie siguiendo sus instrucciones. Tomi no sé qué prefería, pero creo que con flan casero o cualquiera de los otros postres, como yo, era feliz.
Así que acá va, para Fer, Pato y todos los que se animen a probarla... ¡Buen provecho!

miércoles, 4 de agosto de 2010

“La genealogía está de moda”

No sé a quién le escuché decir esto, o dónde lo leí, lo cierto es que me sentí aludida porque desde hace mucho tiempo estoy tras los pasos de mis abuelos. En principio, los abuelos paternos, que vivieron una vida que a priori fue muy interesante para quien lo mira desde fuera, o desde otro tiempo. Abuelos que tuve la suerte de conocer y disfrutar durante muchos años, en esa tierna relación que se suele dar entre abuelos y nietos cuando no hay obligaciones de por medio. El único compromiso era mimarnos mucho: regalarnos muchas cosas para Navidad y cumpleaños, tejernos pullovers todos los años; y llevarnos a pasear y comer cosas muy ricas cuando estábamos de visita en su casa. Nosotros, por nuestra parte, les mandábamos cartas manuscritas bastante seguido: nos demorábamos lo que tardara el correo en devolvernos su respuesta. Y por supuesto, siempre empezábamos después de unas vacaciones en su casa, agradeciéndoles la estadía y los mimos.